jueves, 16 de febrero de 2012

Yo leí re mal pero Damián leyó este poema hermoso, así que lo pongo, como un modo también de conjurar mi fracaso...



Los ascensores



Empezar diciendo que en mi edificio

hay dos ascensores

es un modo horrible de empezar

pero es la verdad: este poema

se me ocurrió delante del pozo

de los ascensores

mientras pensaba en el ahorro de energía:

de la energía que tengo, que gasto y que produzco

en forma de literatura: desde hace

dos años intento reducir al máximo

el consumo de energía en los ascensores de mi edificio:

lo hago por mi cuenta y me puse en la pequeña labor

de este poema porque desde hace un tiempo

entendí que no es fácil decidir a cuál llamar

si no se tiene idea de en qué piso están los ascensores.

Generalmente llamaba al que se detiene frente a la puerta

de mi departamento porque entonces pensaba

es el ahorro de energía que me insumen dos pasos

hasta la puerta del otro ascensor. Pero a veces pasa

que perdía tiempo porque el que se detiene

frente a mi puerta estaba en el último piso

y todos sabemos que el tiempo es una forma de energía

-o al menos forma parte de la ecuación que la determina-

sobre todo si se tiene en cuenta que soy muy ansioso

y la ansiedad, se sabe, al igual que la angustia y la inquietud

consumen energía y contribuyen al agotamiento

y la depresión, que pueden traducirse como falta de energía.

(¿Nunca te dieron de comer en la boca

una novia, un amigo, una enfermera?

Puede llegar a pasarte.)

De manera que me empecé a fijar en los cables

que sostienen los ascensores y empecé

a tomar decisiones en base a defectuosos cálculos de probabilidad:

si se ven los cables es porque está en el piso de abajo

o en el de más abajo (el primero) o directamente en planta baja.

Si se ve el contrapeso del ascensor, es que está

en el piso de arriba y si no se ve y tampoco se ven los cables,

está en alguno de los otros tres pisos o en la terraza (cosa rara).

En base a estas observaciones empecé a tomar la decisión de a cuál de los dos

llamar, pero aún así no llego a sentirme del todo seguro

en cuanto al ahorro de energía: por ejemplo, no estoy seguro

de que el motor del ascensor gaste menos energía cuando baja

del sexto piso que cuando sube del primero: ¿qué le cuesta más al motor?

¿subir o bajar? La misma pregunta vale para un ciclotímico.

Cualquiera diría que subir pero no es tan así, de hecho

creo que consume más bajando. Además, está la posibilidad de que cuando

lo llame esté cargado de gente y esa es otra variable que complica las cosas.

Así y todo, escribir es mucho más económico y la energía que se emplea

rinde más. Incluso si escribís mal y estás triste,

Incluso cuando te sentís tontamente solo, incluso si no escuchás música,

no te sabés vestir y no tenés ganas de afeitarte.



Damián Ríos